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miércoles, 13 de noviembre de 2013
martes, 1 de octubre de 2013
Expectativas o Realidad
Un niño sintió que se le
rompía el corazón cuando encontró, junto al estanque, a su querida tortuga
patas arriba, inmóvil y sin vida.
Su padre hizo cuanto
pudo para consolarlo: <<No llores, hijo. Vamos a organizar un precioso funeral
por el señor Tortuga. Le haremos un pequeño ataúd forrado en seda y
encargaremos una lápida para su tumba con su nombre grabado. Luego le pondremos
flores todos los días y rodearemos la tumba con una cerca>>.
El niño se secó las
lágrimas y se entusiasmó con el proyecto. Cuando todo estuvo dispuesto, se
formó el cortejo –el padre, la madre, la criada y, delante de todos, el niño- y
empezaron a avanzar solemnemente hacia el estanque para llevarse el cuerpo,
pero éste había desaparecido.
De pronto, vieron cómo
el señor Tortuga emergía del fondo del estanque y nadaba tranquila y
gozosamente. El niño, profundamente decepcionado, se quedó mirando fijamente al
animal y, al cabo de unos instantes dijo: <<Vamos a matarlo>>. (*)
Hace un tiempo atrás me
encontré con este relato que me acercó a una de las razones por las cuales
tendemos a sufrir en las relaciones de pareja… las expectativas. Estas que nos
creamos en nuestra mente bajo la idea que si la otra persona complace nos
traerá la felicidad.
Pero la sorpresa que nos
depara la vida es que muchas veces ellas no se cumplen y como resultado nos
enfadamos, pues la realidad no coincide con nuestros planes.
Y entonces ¿cómo hacer
para que éstas dejen de estropear nuestra felicidad?
Lo que significó un buen
comienzo para mí, fue el entender que soy la encargada de mi felicidad y no es
el deber de otro ajustarse a mis deseos para hacer más plácida mi existencia,
pues eso implicaría que no estaría aceptando lo que realmente esa persona es o
tiene para brindarme, sino que condiciono el afecto al cumplimiento de mis
requerimientos.
Por otra parte el comprender
que como fui yo quien creó las expectativas, son mi responsabilidad y nadie se
encuentra obligado satisfacerlas. Reconozco que las emociones generadas me
pertenecen y por tanto está en mis manos volverlas a su cauce.
A su vez entendí que si
me encuentro frente a una situación indeseable para mi vida, es mejor
retirarme. Renuncié a manipular o presionar a la otra persona para que cambie a
mi gusto. Reconozco su ser y entiendo que su camino y actuar es diferente,
dejándole ir en un acto de amor, que aporta más a mi vida que el sostener una
relación en la que esté presente la insatisfacción.
Al mismo tiempo soy
consciente que lo que percibo como rechazos o agravios, está directamente
ligado a mis miedos e inseguridades y por tanto la experiencia me está
brindando la oportunidad de aprender, crecer y mirar las cosas desde otra
perspectiva… una mucho más real.
Y finalmente una
renuncia a los aprendizajes por saturación para darle la bienvenida a los
aprendizajes por comprensión, los primeros son aquellos en donde tomamos las
lecciones cuando estamos colmados, mientras que los segundos son los que con
mayor discernimiento y en razón del amor propio basamos las decisiones en pro
de nuestro bienestar.
No obstante cada tanto
se pierde el rumbo, pero el mantenernos atentos a nuestras acciones y los
resultados que estamos generando, nos harán retornar con mayor asertividad al
camino del equilibrio emocional.
Cuando en realidad no
eres tú lo que me importa, sino la sensación que me produce amarte, estoy más
cerca de mis expectativas y próximo al sufrimiento, negándome la aceptación de
ese ser verdadero y el disfrute del presente.
Psic. Carolina Fandiño García
¡Rompiendo Cadenas,
Extendiendo Alas!
(*) Extraído de “La oración
de la rana”
martes, 30 de octubre de 2012
Amor significa Libertad: Romper las cadenas emocionales
El amor tiende siempre a ir más
lejos, pero tiene un límite, el que,
sobrepasado, lo
torna en odio.
Simone Weü
En
cuestiones de amor y de establecimiento de relaciones, deben de existir
límites, donde podamos permanecer sin ataduras ni temores, sin renunciar a
nuestro Ser, ni a nuestra libertad.
Es por
esto que en esta ocasión, traemos a ustedes un escrito de Jaime Jaramillo
(2012), quien aborda el miedo como uno de los factores que inciden
negativamente en la relaciones y contribuyen a mantener el sufrimiento
estancado.
¡Deseamos te aporte para la
construcción de tu Libertad Emocional!
“El verdadero enemigo de las
relaciones es el miedo, que nos roba la tranquilidad interior y nos lleva a
dejar de ser nosotros mismos para complacer a otros y es allí donde encontramos
la tristeza y la soledad. El amor significa libertad.
1
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Una pareja de indios que se amaban
locamente y tenían mucho miedo de perder ese amor fueron adonde el hechicero de
la tribu para que les preparara un bebedizo mágico que les asegurara el amor
eterno. El chaman les dijo: “Les puedo preparar esa pócima, pero antes cada uno
debe de ir solo a cazar un halcón y un águila, sin hacerles daño y traerlos
vivos. La india traerá al halcón y el fuerte joven el águila real”. A la semana
los dos jóvenes regresaron, creyendo que esas preciosas aves que habían cazado
iban a ser sacrificadas para extraer si sangre y preparar el antídoto mágico,
pero para sorpresa de ellos, el anciano aseguró: “Amárrenlas una a la pata de
la otra con un lazo de cuero y suéltenlas. La pareja de enamorados obedeció. En
medio de la polvareda que hicieron las dos aves, tratando de levantar vuelo,
cayeron varias veces al piso y desesperadas por no poder volar libremente,
arremetieron violentamente contra ellas a picotazos, lastimándose y haciéndose
mucho daño mutuamente. Después de que ellos, aterrados, vieron lo que sucedió,
el hechicero expresó: “En el amor no se puede tener al otro amarrado, porque
terminarán al igual que estas aves; por eso, no se arrastren por el piso, abran
sus alas y vuelen juntos en algunas partes del camino, pero libres como el
viento”.
2
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No hay nada más frustrante y opuesto
al amor que el miedo implacable que invade, destruye y nos roba la paz
interior. Es precisamente ese miedo latente al fracaso, a sentirse rechazado o
no querido, el que lleva a muchas personas a estados deplorables de mendicidad,
haciendo que se arrastren ante el otro. Cuando esto sucede, aquella relación se
convierte en un infierno viviente, ya que esa extorsión y manipulación vienen
del miedo y no del amor y hace que esa persona termine haciendo cosas que nunca
quiso hacer ni decir. Por eso, cuando te sacrificas y dejas de ser lo que eres
y complacer a esa persona amada, lo único que encontrarán es sufrimiento.
3
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Muchas veces existe tanto miedo a
levantar la cabeza y retirarse dignamente de ese campo de batalla, en el que
reinan la indiferencia y el desamor, que se prefiere continuar soportando la
situación, llegando a un desgaste emocional inmenso, cuando el otro, movido por
la culpa y la lástima, sintiéndose extorsionado, empieza a tratar de salir de
allí sin ocasionar tanto daño y sufrimiento, llevándolo a jugar ese tire y
afloje compulsivo que no hace nada bien. Esto convierte tu vida en una
monotonía que te quita tu espontaneidad, la capacidad de crear y disfrutar
nuevas situaciones, robándote la alegría y el poder de elegir con libertad lo
que quieres.”
¡Te invito entonces a disfrutar de la
belleza exótica de la soledad y a no apegarte a nada ni nadie!
Psic. Carolina Fandiño G.
¡Rompiendo Cadenas, Extendiendo
Alas!
¡Breaking Chains, Extending Wings!
sábado, 1 de septiembre de 2012
Medias Naranjas VS Naranjas Enteras
El origen de la expresión “media naranja” data de la mitología griega, donde el poeta de comedias Aristófanes en la obra de Platón llamada "El Banquete”, cuenta que, en un principio, la raza humana era esférica como naranjas, tenían dos caras opuestas sobre una misma cabeza, cuatro brazos y cuatro piernas que utilizaban para desplazarse rodando.
Pero un día, su vanidad les llevó a enfrentarse a los dioses creyéndose semejantes a ellos, por lo que Zeus los castigó partiéndolos por la mitad con su rayo. A partir de ese momento, los seres andaban tristes buscando siempre a su otra mitad, condenados a buscar entre sus semejantes a su media naranja con la que unirse en abrazos que los hagan más "completos".
Partiendo de esta historia se sentaron algunas de nuestras insanas creencias a cerca del amor. Nos convencimos y aprendimos a sentirnos personas a medias, que necesitan de un otro para dejar de ser una mitad.
¿Pero acaso será cierto esto? ¿Somos solo la fracción de algo, que no será feliz hasta encontrar la parte que hace falta?
Vale la felicidad (no la pena) cuestionarse y pensar si verdaderamente no somos más que medias naranjas, que vagamos por el mundo en busca de nuestra “alma gemela”.
Vale la felicidad, revelarse contra los conceptos afectivos trastornados, socialmente aceptados y aprehender a construir una nueva realidad, en la que nos visualicemos ya como Seres Completos, naranjas enteras capaces de auto-generar nuestro bienestar, sin que este dependa de la presencia de un otro.
En consonancia con ésta premisa, se encuentran los siguientes párrafos de Mario Alonso Madrigal, de su escrito Extrañando a Dina:
“Debo valorar mi propia compañía antes de recibir la de otros, para así no perderme por encontrar a alguien.
Caminaré conmigo a través de mi soledad que en realidad es compañía, y cuando me encuentre acompañado recordaré que siempre estoy solo.
No volveré a confundir compañía con cercanía y mucho menos con felicidad, porque cometería el gran error de ver la soledad como sinónima de tristeza.
Dejaré de considerar la compañía y la soledad como un objetivo o algo a evitar, sino como momentos que la vida me ofrece; con la misma disposición que acepte uno, aceptaré el otro. De esa manera, nadie me engañará brindándome falsa compañía.”
Es entonces, que cuando aprendamos a vernos como personas completas, dejaremos de vincularnos desde el vacío y la necesidad, entenderemos que las relaciones de pareja, no son la fuente para encontrar el amor, sino que son un medio para expresar el afecto que ya existe en nosotros.
El responsabilizarnos de nuestra propia vida y felicidad, nos permitirá asumir la búsqueda de esa media naranja como un viaje interno, una exploración continua que nos llevará al autoconocimiento y al descubrirnos como seres independientes y sanos.
Así pues, el vernos como naranjas enteras será un paso más hacia la Autodependencia, y aunque, parafraseando a Jorge Bucay, si bien es cierto que en los diferentes capítulos de nuestra existencia no somos los únicos actores, si somos los protagonistas y los directores de la trama, somos aquellos de quien depende en última instancia todos nuestros resultados.
La alegría no depende de la compañía, sino de mí mismo y mi capacidad para estar bien en cualquier momento, viviendo de la manera más satisfactoria posible.
Psic. Carolina Fandiño G.
¡Rompiendo Cadenas, Extendiendo Alas!
¡Breaking Chains, Extending Wings!
viernes, 3 de agosto de 2012
¿Eres feliz?... (*)
“En cierta ocasión, durante una elegante recepción
de bienvenida al nuevo Director de Marketing de una importante compañía
londinense, algunas de las esposas de los otros directores que querían conocer
a la esposa del festejado, le preguntaron con cierto morbo: ¿Te hace feliz tu
esposo, verdaderamente te hace feliz?
El esposo, quien en ese momento no estaba su lado, pero sí lo suficientemente cerca para escuchar la pregunta, prestó atención a la conversación e incorporó ligeramente su postura, en señal de seguridad, y hasta hinchó un poco el pecho, orgullosamente, pues sabía que su esposa diría que sí, ya que ella jamás se había quejado durante su matrimonio.
Sin embargo, para sorpresa suya y de los demás, la esposa respondió con un rotundo:
- No, no me hace feliz.
En la sala se hizo un incómodo silencio como si todos los presentes hubieran escuchado la respuesta de la mujer.
El marido estaba petrificado. No podía dar crédito a lo que su esposa decía, y menos en un momento tan importante para él.
Ante el asombro del marido y de todos, ella simplemente se acomodó enigmáticamente sobre su cabeza su elegante chalina de seda negra y continuó:
- No, él no me hace feliz... ¡Yo soy feliz...!
El hecho de que yo sea feliz o no, no depende de él, sino de mí.
- Yo soy la única persona de quien depende mi felicidad.
- Yo determino ser feliz en cada situación y
en cada momento de mi vida, pues si mi felicidad dependiera de otra
persona, un recuerdo grato de otra cosa o circunstancia sobre la faz de
esta tierra, estaría en serios problemas…”
(*) Anónimo
La felicidad es
un estado que en general nos afanamos por encontrar, persiguiéndola e
intentándola hallar en las personas, los objetos y los éxitos, pero cuando ésta
se hace escurridiza y escapa, quedamos desilusionados
y exhaustos, sin entender muchas veces porque a pesar de nuestros esfuerzos, ésta
no se queda en nuestras vidas.
Es entonces que resignados, nos
convencemos que una vez llegue la pareja o condiciones
apropiadas la dicha será plena.
Sin embargo el
personaje de la esposa en la historia, nos muestra una postura más sana que
podemos tomar frente al tema, y es la posibilidad de asumir la responsabilidad
de optar ser felices, independiente de las personas o situaciones a nuestro
alrededor, siendo decisiva la actitud adoptada frente a cualquier circunstancia
que se presente en nuestra vida.
Desde luego esto
es algo en lo que se debe trabajar, en primer lugar, podríamos dejar de esperar
a que las realidades adversas desaparezcan para entonces ser felices, bajo esta
premisa jamás lo lograremos, pues estas mismas hacen parte fundamental de la existencia
y en muchas ocasiones no depende de nosotros la posible solución, pero si la valiente decisión de no adoptar el
papel de víctimas, si no todo lo contrario, reconocerle y aprender del mismo.
No tiene sentido
el aplazar nuestro Derecho Natural de Ser Felices, para cuando desarrollemos
todos y cada uno de nuestros proyectos o para cuando llegue a nuestras vidas
esa persona indicada, pues somos seres en constante construcción y por lo tanto
variantes en deseos y pensamientos.
Así pues, elije
ser feliz aquí y ahora, comprende que la felicidad no consiste en la
ausencia de problemas, consiste en ejercer la libertad que como seres humanos
tenemos, de asumir la actitud que queremos frente a las circunstancias que se
nos presentan en la vida.
¡Aprende
a bailar bajo la lluvia y encuentra la fuente de la verdadera felicidad dentro
de ti!
Psic. Denny
Ortiz N.
Psic. Carolina
Fandiño G.
miércoles, 25 de julio de 2012
Los cien días del plebeyo(*)
"Una bella princesa estaba buscando consorte. Nobles y ricos pretendientes llegaban de todas partes con maravillosos regalos: joyas, tierras, ejércitos, tronos... entre los candidatos se encontraba un joven plebeyo que no tenía más riqueza que el amor y la perseverancia.
Cuando le llegó el momento de hablar, dijo: princesa, te he amado toda mi vida. Como soy un hombre pobre y no tengo tesoros para darte, te ofrezco mi sacrificio como prueba de amor. Estaré cien días sentado bajo tu ventana, sin más alimentos que la lluvia y sin más ropas que las que llevo puestas. Ese será mi dote.
La princesa, conmovida por semejante gesto de amor, decidió aceptar:
- Tendrás tu oportunidad: si pasas esa prueba, me desposarás.
Así pasaron las horas y los días. El pretendiente permaneció fuera del palacio, soportando el sol, los vientos, la nieve y las noches heladas. Sin pestañear, con la vista fija en el balcón de su amada, el valiente súbdito siguió firme en su empeño sin desfallecer un momento.
De vez en cuando la cortina de la ventana real dejaba traslucir la esbelta figura de la princesa que con un noble gesto y una sonrisa aprobaba la faena. Todo iba a las mil maravillas, se hicieron apuestas y algunos optimistas comenzaron a planear los festejos.
Al llegar el día noventa y nueve, los pobladores de la zona salieron a animar al próximo monarca. Todo era alegría y jolgorio, pero cuando faltaba una hora para cumplirse el plazo, ante la mirada atónita de los asistentes y la perplejidad de la princesa, el joven se levantó y, sin dar explicación alguna, se alejó lentamente del lugar donde había permanecido cien días.
Unas semanas después, mientras deambulaba por un solitario camino, un niño de la comarca lo alcanzó y le preguntó a quemarropa:
- ¿Qué te ocurrió? Estabas a un paso de lograr la meta, ¿Por qué perdiste esa oportunidad? ¿Por qué te retiraste?
Con profunda consternación y lágrimas mal disimuladas, el plebeyo contestó con voz baja:
- La princesa no me ahorró ni un día de sufrimiento, ni siquiera una hora. No merecía mi amor."
Es así como el plebeyo nos deja una gran lección, haciéndonos entender que en una relación sana, debe existir una retribución equilibrada de afecto y compromiso, donde ambas partes se involucren sin ser necesario el sacrificio del bienestar propio en pro de la aceptación del ser amado, pues éste tiene que hacerse merecedor del amor ofrecido.
Está en nuestra manos tomar la decisión, que cada relación de pareja que asumamos en nuestra vida, sea productiva.
(*) Jaime Lopera y Marta Bernal. La culpa es de la Vaca. Bogotá, Intermedio, 2002.
Psic. Denny Ortiz N.
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