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viernes, 27 de junio de 2014

DESPERTAR


Para despertar busca toda la ayuda que puedas, lee los libros que encuentres, asiste a los encuentros que te inviten, medita, respira y espera. Todo ayudará, pero finalmente solo tu harás la alquimia, pues nada puede precipitarla, solo tu intención que suceda. Y aún si, si no hicieras nada de nada, espera tranquilo, igual ocurrirá…..Si ya has despertado y ves como duermen los demás a tu alrededor, entonces camina en puntillas, respeta su sueño y descubre la perfección de sus propios tiempos, así como fueron perfectos los tuyos.

Cuando ellos abran sus ojos, el fulgor de tu brillo los ayudará a despertar sin necesidad que hagas nada. Si aún duermes, relájate y disfruta tu sueño, estas siendo arrullado y cuidado.

Despertar no es un acto de magia, aunque llenará de magia tu vida.

Despertar no tiene nada que ver con tu mundo externo, aunque todo lo que te rodea parecerá tener un nuevo brillo.

Despertar no cambiara tu vida, si bien sentirás que todo ha cambiado.

Despertar no borrará tu pasado, pero al mirar atrás lo percibirás como la historia de alguien muy querido que aprendió muchas cosas, pero sentirás que ese alguien ya no eres tú.

Despertar no despertará a tus seres queridos, pero ellos se verán más divinos ante tus ojos.

Despertar no sanará todas tus heridas, pero ellas dejarán de gobernarte.

Despertar no solucionará tu situación financiera, pero te sentirás millonario.

Despertar no te hará más popular, pero ya no volverás a sentirte solo.

Despertar no te embellecerá ante los ojos de los demás, pero te hará perfecto ante tu propia mirada.

Despertar no te dará más poder, pero descubrirás el poder que tienes.

Despertar puede que no disuelva los barrotes de tus cárceles, pero te dará la libertad de ser tú mismo.

Despertar no cambiará el mundo, te cambiara a ti.

Despertar no quita responsabilidad, muy por el contrario te dará conciencia de las consecuencias de tus actos y elecciones.

Despertar no te hará tener siempre la razón, más bien ya no sentirás deseos de tenerla.

Despertar no traerá caudales de amor a tu vida, descubrirás que ese caudal habita en ti.

Despertar tiene poco que ver con lo que imaginas y tiene todo que ver con el amor.

Despertar es amarte a ti mismo, con tus límites y con tus experiencias, es amar al otro como parte de tu ser y es amar a la existencia… Sí, amar esta bella vida tan sorprendente y variada en todos sus matices.

Permítete disfrutar de la experiencia de ser el maravilloso Ser que ya eres. Tu vida es un acto sagrado pues es la creación del Dios que hay en ti, que eres tú.

Autor desconocido.

Fuente: http://www.libreriaarcangel.com/notas_interes.php?pag=notas

martes, 5 de noviembre de 2013

MASOQUISMO Y SADISMO MORAL


En esta ocasión contamos con una escritora invitada, la Psicóloga Astrid Sarmiento, quien nos trae una reflexión que invita a vencer el miedo a la libertad. ¡Deseamos les aporte!

“Ella lo vio partir, creía que todo había terminado. Los cuatro años de relación habían sido relativamente buenos, excepto el último, ese fue diferente. Como toda pareja, tuvieron momentos teñidos de felicidad y desazón, fue esa mezcla exacta de la realidad: la conjugación de lo dulce y amargo, de tocar el cielo y el infierno con las emociones alteradas de placer y dolor.  - Nada es perfecto- Pensó.
Con cabeza fría y café en mano recordó aquellos 365 días; un reloj en reversa marcaba 8.760 horas dibujando ante sus ojos el detonante de la separación. Lágrimas recorrían las pálidas y marcadas mejillas de una mujer deshecha; los labios, secos y temblorosos simplemente alcanzaron a pronunciar el eco de un sentimiento ahogado: -¡Lo hice!
Su estómago, como si hospedara abejas asesinas se revolvía de solo pensar en el coraje que alimentó durante ese tiempo, a la vez que un álbum fotográfico plasmaba en la mente sucesos tormentosos en tonos blanco y negro porque así habían sido, experiencias negras llenas de sufrimiento con el débil blanco de una esperanza de cambio. Logró mantener por pequeños instantes aquel ¡Ya basta!
Aclarando mente y garganta ratificó la decisión; sabía que en sus manos estaba la oportunidad de librar la batalla hacia la libertad, pues ya no confiaba en las promesas de aquel que la humillaba, vulneraba y le hacía sentir impotente fingiendo al día siguiente amnesia a conveniencia. Alguno de los dos tenía que cortar aquel cordón umbilical viciado que estrangulaba el amor propio, atándoles insanamente a costa del abandono de la independencia del yo.
Respiró profundo y pensó en su madre, en aquellas enseñanzas sobre el amor eterno y de llevar el yugo a costa de las pruebas que la vida pone en el camino. Sintió algo de pena. -No en vano la sociedad ejerce influencia en los actos personales. Musitó.
Resolvió dejar la mente en blanco arrinconando las recriminaciones al borde de la conciencia, y aunque volvió a experimentar una soledad insoportable y debilitante ya lo había decidido; su voz, entrecortada por el cansancio de una lucha interna expresó otra vez la hazaña: -Esta vez sí que lo hice, de nuevo.”   (Astrid V. S)
El psicólogo Erich Fromm desarrolló una interesante idea en su libro “Miedo a la Libertad” (*): La libertad se relaciona con la noción que tenemos de nosotros como entidades escindidas e independientes del mundo, pero el hombre puede valerse de unos mecanismos para rehuirla pues teme la soledad.
A medida que se crece, se adquiere dicha noción de individualidad, pero se experimenta a la vez un sentimiento de soledad frente a un mundo amenazante que trae consigo responsabilidades y sentimientos abrumadores de duda frente al rol a desempeñar.
Si esa inseguridad prevalece, se renuncia a la libertad positiva donde se establecen vínculos con el mundo desde el afecto y expresión eficaz de sus facultades intelectivas y emocionales por un abandono de la libertad afectando la comunicación entre el yo individual y mundo quedando sumidos en la soledad.
Frente al abandono de la libertad se desarrollan unos mecanismos para soportar esa soledad, ejemplo el autoritarismo, definido como la “tendencia a abandonar la independencia del yo individual propio, para fundirse con algo, o alguien, exterior a uno mismo, a fin de adquirir la fuerza de que el yo individual carece” (Fromm, p.177)
Este mecanismo se expresa en las conductas masoquistas bajo sentimientos de impotencia, inferioridad y dependencia a agentes externos yendo en detrimento de lo que realmente se quiere y en conductas sádicas humillando y sometiendo a conveniencia el objeto de amor, substrayéndole cualidades intelectuales y sensitivas. Ambos, el masoquista y sádico dependen de ese otro para sentirse seguros y reafirmados. Lo anterior lo expresa este ejemplo:
“Un hombre puede dispensar a su mujer un trato típicamente sádico (…) Pero si la mujer consigue reunir bastante valor como para anunciarle que está dispuesta a abandonarlo, el marido (…) rogará que no lo abandone (…) como ella tiene miedo de mantenerse firme, se inclinará a creerle y a quedarse modificando su decisión. Desde este momento la comedia vuelve a empezar.” (Fromm, p. 181-182)
Entonces confrontándonos con lo anterior ¿Evadimos la libertad y al sentirnos solos necesitamos de otro para enfrentar el mundo? Y ¿lo estamos haciendo bajo estos caracteres de sumisión y dominación? Si es así, nuestra relación está construida bajo una simbiosis afectiva (**), una dependencia insana hacia ese otro que creemos no poder abandonar evitando así la trágica soledad. Y es esa trágica y negativa percepción de la soledad la que nos impulsa aferrarnos cueste lo que cueste, diluyéndonos y anulándonos como personas únicas y valiosas.
El temor a sentirnos solos puede conllevarnos a vender nuestra libertad al precio de una relación que no nutre, un amor que como droga brinda una felicidad ilusoria y adictiva destinándonos al eterno retorno. Ciertamente este tipo de relación tóxica torna el vínculo en sufrimiento, un goce que sacrifica la independencia del yo obstruyendo el establecimiento de relaciones sanas y soslayando el desarrollo pleno y satisfactorio necesario para la salud emocional.
Aprender a reconocerse como un ser independiente que no necesita fundirse en otro para dar sentido a la existencia, soltándolo y soltándose uno mismo para fluir como pareja en libertad, garantizarán una relación cimentada en el respeto que deja de lado el sometimiento y humillación que tanto afecta el amor propio y la autoestima de la pareja.
 (*)  FROMM. Erich. Miedo a la Libertad. Argentina: Editorial Paidos.
(**) Secundaria en este caso, en donde la relación de pareja tiende a ser dependiente.

Autora
Psic. Astrid V. Sarmiento                                                                            



martes, 30 de octubre de 2012

Amor significa Libertad: Romper las cadenas emocionales



El amor tiende siempre a ir más
lejos, pero tiene un límite, el que,
sobrepasado, lo torna en odio.

Simone Weü

En cuestiones de amor y de establecimiento de relaciones, deben de existir límites, donde podamos permanecer sin ataduras ni temores, sin renunciar a nuestro Ser, ni a nuestra libertad.

Es por esto que en esta ocasión, traemos a ustedes un escrito de Jaime Jaramillo (2012), quien aborda el miedo como uno de los factores que inciden negativamente en la relaciones y contribuyen a mantener el sufrimiento estancado.

¡Deseamos te aporte para la construcción de tu Libertad Emocional!

“El verdadero enemigo de las relaciones es el miedo, que nos roba la tranquilidad interior y nos lleva a dejar de ser nosotros mismos para complacer a otros y es allí donde encontramos la tristeza y la soledad. El amor significa libertad.

1
Una pareja de indios que se amaban locamente y tenían mucho miedo de perder ese amor fueron adonde el hechicero de la tribu para que les preparara un bebedizo mágico que les asegurara el amor eterno. El chaman les dijo: “Les puedo preparar esa pócima, pero antes cada uno debe de ir solo a cazar un halcón y un águila, sin hacerles daño y traerlos vivos. La india traerá al halcón y el fuerte joven el águila real”. A la semana los dos jóvenes regresaron, creyendo que esas preciosas aves que habían cazado iban a ser sacrificadas para extraer si sangre y preparar el antídoto mágico, pero para sorpresa de ellos, el anciano aseguró: “Amárrenlas una a la pata de la otra con un lazo de cuero y suéltenlas. La pareja de enamorados obedeció. En medio de la polvareda que hicieron las dos aves, tratando de levantar vuelo, cayeron varias veces al piso y desesperadas por no poder volar libremente, arremetieron violentamente contra ellas a picotazos, lastimándose y haciéndose mucho daño mutuamente. Después de que ellos, aterrados, vieron lo que sucedió, el hechicero expresó: “En el amor no se puede tener al otro amarrado, porque terminarán al igual que estas aves; por eso, no se arrastren por el piso, abran sus alas y vuelen juntos en algunas partes del camino, pero libres como el viento”.

2
No hay nada más frustrante y opuesto al amor que el miedo implacable que invade, destruye y nos roba la paz interior. Es precisamente ese miedo latente al fracaso, a sentirse rechazado o no querido, el que lleva a muchas personas a estados deplorables de mendicidad, haciendo que se arrastren ante el otro. Cuando esto sucede, aquella relación se convierte en un infierno viviente, ya que esa extorsión y manipulación vienen del miedo y no del amor y hace que esa persona termine haciendo cosas que nunca quiso hacer ni decir. Por eso, cuando te sacrificas y dejas de ser lo que eres y complacer a esa persona amada, lo único que encontrarán es sufrimiento.

3
Muchas veces existe tanto miedo a levantar la cabeza y retirarse dignamente de ese campo de batalla, en el que reinan la indiferencia y el desamor, que se prefiere continuar soportando la situación, llegando a un desgaste emocional inmenso, cuando el otro, movido por la culpa y la lástima, sintiéndose extorsionado, empieza a tratar de salir de allí sin ocasionar tanto daño y sufrimiento, llevándolo a jugar ese tire y afloje compulsivo que no hace nada bien. Esto convierte tu vida en una monotonía que te quita tu espontaneidad, la capacidad de crear y disfrutar nuevas situaciones, robándote la alegría y el poder de elegir con libertad lo que quieres.”

¡Te invito entonces a disfrutar de la belleza exótica de la soledad y a no apegarte a nada ni nadie!

Psic. Carolina Fandiño G.
¡Rompiendo Cadenas, Extendiendo Alas!
¡Breaking Chains, Extending Wings!