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jueves, 8 de mayo de 2014

EXQUISITA DEFINICIÓN DE AMOR


“Sanar es “desatar” las causas.
Comprender y liberar el pasado,
no repitiendo en el presente las actitudes
que previamente originaron los problemas.”

En el andar de la vida encuentro personas maravillosas que me acompañan y enriquecen con experiencias y aprendizajes. Ejemplo de esto, es la sublime definición de amor que llegó a mí a través de un muy estimado amigo y que considere compartírselas por encontrarla en armónica consonancia con la pretensión de este blog, posibilitar la sanación y libertad emocional a partir de la construcción de nuevos conceptos alrededor de las relaciones afectivas y de la vida en sí misma.

¡Deseo disfrutes esta lectura y aporte al despertar tu conciencia!

Amor es un ingrediente sutil de la conciencia. Es capaz de mostrar el sentido profundo de la existencia.

Amor es la única “droga” legal. Algunos buscan equivocadamente en el licor y otras drogas lo que produce el Amor.

Amor es lo más necesario de la vida. Los sabios conocen el secreto y buscan solo Amor. Los demás lo ignoran y por eso buscan lo externo.

¿Cómo obtener Amor? Ninguna técnica sirve, porque Amor no es material. No está sometido a las leyes del pensamiento y la razón, ellas están sometidas a Él.

Para obtener Amor primero hay que saber que Amor no es un sentimiento, sino un Ser. Amor es alguien, un espíritu viviente y real que cuando despierta en nosotros, llega la dicha, llega todo.

¿Cómo hacer que venga? Primero hay que creer que existe (porque no se ve, solo se siente) (algunos le dicen Dios) después hay que buscarlo en su morada íntima, el corazón.

No hay que llamarlo porque ya está en nosotros. No hay que pedirle que venga, sino dejarlo salir, liberarlo, entregarlo.

No se trata de pedir Amor, sino de dar Amor.

¿Cómo se obtiene Amor? Dando Amor. Amando.



Tomado del libro:
AMI REGRESA
Enrique Barrios


Psic. Carolina Fandiño García


Si gustas leer más de “Ami regresa”, podrás encontrarlo en este link:

lunes, 24 de marzo de 2014

CAMBIA LAS MIGAJAS AFECTIVAS POR LA ABUNDACIA DEL AMOR

¿Has considerado que tu relación de pareja no te entrega lo suficiente y sin embargo te quedas? O tal vez ¿Insistes en permanecer al lado de alguien entregando lo mejor de ti, a la espera que algún día este o esta reconozca tu valor?

Si las respuestas a estas preguntas son afirmativas, es muy posible que te encuentres en un camino donde sigues migajas afectivas, que trae consigo más dolor y sufrimiento que felicidad.

Cabe entonces preguntarse, ¿Qué te hace mantener en ese camino?

En mi exploración personal y recorrido profesional he logrado visualizar que el miedo al abandono, las creencias limitadoras, un pobre autoconcepto, además de una baja autoestima, son las razones más reiterativas para que una persona se sostenga en una relación insatisfactoria.

Para ampliar lo anterior, retomaré una a una las razones antes mencionadas, con el fin de facilitar el entendimiento de cómo estas operan y posiblemente propiciar frente a tu situación, un mayor despertar a la consciencia. 

  • Miedo al abandono: Es evidente que frente a experiencias dolorosas, tendamos a desarrollar mecanismos o comportamientos que nos lleven a evitarlas, solo que algunos de estos suelen ser altamente inefectivos cuando negociamos lo innegociable y cedemos aquello que atenta contra nuestro bienestar, dicho en palabras de Tiba Araujo:

“Los que hemos sufrido el dolor del abandono o desamor en algún momento de la vida (incluyendo la infancia) buscamos con desesperación un amor estable y duradero. El miedo a enfrentar de nuevo el suplicio del abandono nos lleva a negociar nuestra dignidad por migajas de afecto…

  •  Creencias limitadoras: Las creencias generan emociones y las emociones acciones, es entonces que si piensas “por amor se debe sufrir y entregarlo todo”, “no encontraré alguien más que me ame”, “solo te enamoras una vez en la vida”, además de otras ideas limitantes, actuarás conforme a ellas y buscarás experiencias que las refuercen para mantenerte en tu convicción.

  •  Pobre autoconcepto y baja autoestima: El autoconcepto y la autoestima son construidos a lo largo de tu historia de vida, a partir de lo que piensas y sientes acerca de ti mismo. Infortunadamente nuestra cultura nos invita a volcarnos hacia afuera, más que al crear una relación con nosotros mismos. 
Así pues es bien visto, pensar más en los otros, disimular virtudes, evitar el autoelogio, complacer a los demás, y en un intento por “dejar afuera el egoísmo excesivo, no hemos dejado entrar el amor propio” (1)

Frente a este panorama, te planteo algunas herramientas que podrán servirte para construir una nueva senda donde el amor abunde y prospere:

1. Aprende a vivir en el aquí y en ahora, suelta tu pasado y saca de él lo mejor preguntándote ¿para qué a mí?, dejando de lado el ¿por qué a mí?

2. Asume el protagonismo de tu vida, antes de tomar una decisión pregúntate ¿esta alternativa me traerá paz y bienestar?

3. ¡Identifica tus creencias limitantes y replantéalas!, si por ejemplo tienes la creencia “no encontraré alguien más que me ame”, cámbiala por una creencia que te potencie, “en mi vida existen personas que me aman”. Siguiente paso, encuentra experiencias y/o hechos que la sustenten y actúa conforme al nuevo planteamiento.   

4. Visualiza la relación de pareja que te gustaría vivir, aquello en lo que enfocas tu atención, crece y se magnifica.

5. El amor empieza por casa, se flexible contigo, revisa si tus estándares son acordes a la realidad, concédete cumplidos, celebra tus pequeñas victorias, saca tiempo para ti. Ten presente: “Cuando las personas no se consideran dotadas de grandes valores y no tienen vida personal, no se sienten en magnífica compañía consigo mismas" (2)

Eres hacedor y hacedora de tu vida, con cada paso que das tienes la posibilidad de reescribir tu historia y recuerda, solo aceptamos el amor que creemos merecer.


Psic. Carolina Fandiño García

(1) Walter Riso, Aprendiendo a quererse a sí mismo. 1996.
(2) María Cecilia Betancourt, Un amor que sirva o un adiós que libere. 2006.

miércoles, 25 de julio de 2012

Los cien días del plebeyo(*)




"Una bella princesa estaba buscando consorte. Nobles y ricos pretendientes llegaban de todas partes con maravillosos regalos: joyas, tierras, ejércitos, tronos... entre los candidatos se encontraba un joven plebeyo que no tenía más riqueza que el amor y la perseverancia.

Cuando le llegó el momento de hablar, dijo: princesa, te he amado toda mi vida. Como soy un hombre pobre y no tengo tesoros para darte, te ofrezco mi sacrificio como prueba de amor. Estaré cien días sentado bajo tu ventana, sin más alimentos que la lluvia y sin más ropas que las que llevo puestas. Ese será mi dote.

La princesa, conmovida por semejante gesto de amor, decidió aceptar: 
- Tendrás tu oportunidad: si pasas esa prueba, me desposarás.

Así pasaron las horas y los días. El pretendiente permaneció fuera del palacio, soportando el sol, los vientos, la nieve y las noches heladas. Sin pestañear, con la vista fija en el balcón de su amada, el valiente súbdito siguió firme en su empeño sin desfallecer un momento.

De vez en cuando la cortina de la ventana real dejaba traslucir la esbelta figura de la princesa que con un noble gesto y una sonrisa aprobaba la faena. Todo iba a las mil maravillas, se hicieron apuestas y algunos optimistas comenzaron a planear los festejos.

Al llegar el día noventa y nueve, los pobladores de la zona salieron a animar al próximo monarca. Todo era alegría y jolgorio, pero cuando faltaba una hora para cumplirse el plazo, ante la mirada atónita de los asistentes y la perplejidad de la princesa, el joven se levantó y, sin dar explicación alguna, se alejó lentamente del lugar donde había permanecido cien días.

Unas semanas después, mientras deambulaba por un solitario camino, un niño de la comarca lo alcanzó y le preguntó a quemarropa: 
- ¿Qué te ocurrió? Estabas a un paso de lograr la meta, ¿Por qué perdiste esa oportunidad? ¿Por qué te retiraste?

Con profunda consternación y lágrimas mal disimuladas, el plebeyo contestó con voz baja:
- La princesa no me ahorró ni un día de sufrimiento, ni siquiera una hora. No merecía mi amor."

Es así como el plebeyo nos deja una gran lección, haciéndonos entender que en una relación sana, debe existir una retribución equilibrada de afecto y compromiso, donde ambas partes se involucren sin ser necesario el sacrificio del bienestar propio en pro de la aceptación del ser amado, pues éste tiene que hacerse merecedor del amor ofrecido.

Está en nuestra manos tomar la decisión, que cada relación de pareja que asumamos en nuestra vida, sea productiva.

(*) Jaime Lopera y  Marta Bernal. La culpa es de la Vaca. Bogotá, Intermedio, 2002.

Psic. Carolina Fandiño G.
Psic. Denny Ortiz N. 

viernes, 20 de julio de 2012

¿Mejor malo conocido que Bueno por conocer?


Este viejo y reconocido refrán encierra una sospechosa verdad, pues muchas relaciones nocivas están basadas en este pensamiento, que analizado de manera concienzuda se podría pensar que describe el temor y la resistencia que presentamos ante la posibilidad de cambio. Muy probablemente porque este implique dejar caer un pesado y viejo  equipaje, que viene cargado de maneras de comportarnos a las cuales ya estamos habituados y aunque a veces del todo innecesarias, nos negamos a dejarlas de lado.   

Es entonces que estos comportamientos inadecuados tienden a surgir cuando elegimos amar a otra persona, pues insistimos en traer al presente las experiencias acumuladas del pasado, poco o nada exitosas, con la intención de hacerlas funcionar en esta nueva oportunidad, convirtiéndose en renovadas expectativas, es decir, en anhelos o deseos frustrados que ahora se transfieren una vez más a quien llama nuestra atención, el cual se escoge (de manera inconsciente) con los mismos patrones de conducta de parejas anteriores, no por casualidad sino por causalidad*, convencidos que en esta ocasión se triunfará.

Así pues, optamos por lo conocido, puesto que nuestro inconsciente supone que no existe otra forma de hacerse, manteniéndonos según esté, en un territorio “seguro”, apegados a sentimientos y emociones conocidas, auto-saboteando cada intento por alcanzar aquello llamado felicidad.

Es así como estas inadecuadas formas de relacionarnos con el otro, brotan de nuestra personalidad con total naturalidad, puesto que nos sentimos más “cómodos” ejecutando los ya estudiados pasos de baile con nuestra pareja, los cuales a pesar de encontrarse enmarcados por el dolor y el sufrimiento, son preferibles a la angustia que provoca lo desconocido e incierto, reanudando entonces lo que se asemeja a una infinita espiral, la cual va reproduciendo dicho dolor una y otra vez en cada intento por iniciar una “historia diferente”, sin hallar ninguna salida aparente, resignándonos a padecer lo ya padecido, siendo “mejor experiencia mala conocida que buena por conocer”.

Muy probablemente lo que nos mantiene anclados a ésta situación,  es el temor a la introspección, es decir indagar, buscar en nosotros mismos y darnos cuenta del verdadero origen del fracaso emocional, el cual se encuentra amarrado a experiencias no resueltas de nuestra niñez, que no logramos conectar con nuestro comportamiento presente.

Queda mucho más fácil culpar a factores externos, declararnos presos del destino, de la mala fortuna, de Dios, de la vida, antes que asumir la responsabilidad y hacernos cargo de ello. Entonces podemos asegurar, que no se trata de buenos por conocer ni de resignarse a padecer malos ya conocidos, se trata de iniciar de manera decida nuestro propio proceso de auto-conocimiento y sanación, solo así  aprenderemos a elegir  nuevas y mejores opciones.

* Causalidad: Relación entre una causa y su efecto.

Autoras

Psic. Denny Ortiz N.
Psic. Carolina Fandiño G.