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miércoles, 13 de noviembre de 2013
miércoles, 9 de octubre de 2013
Prométete a ti mism@...(*)
Ser tan fuerte que
nada pueda perturbar tu paz interior.
Hablar de salud,
felicidad y prosperidad, con todas las personas que conozcas.
Lograr que todos tus
amig@s sientan que hay algo valioso en ellos.
Mirar el lado
luminoso de todas las cosas y hacer que tu optimismo se vuelva realidad.
Pensar sólo en lo
mejor, trabajar sólo por lo mejor y esperar sólo lo mejor.
Ser tan entusiasta
respecto al triunfo de los otros como del propio. Olvidar los errores del
pasado y concentrarte en los grandes logros del futuro.
Tener siempre un
semblante alegre y dar una sonrisa a cada criatura viviente con la que te
encuentres.
Invertir tanto tiempo
en tu mejoramiento que no tengas tiempo para criticar a los demás.
Ser muy grande para
lamentarte, muy noble para enojarte y muy feliz para preocuparte.
Pensar bien de ti
mism@ y proclamarlo al mundo, no en voz alta pero si en hechos concretos.
Vivir en la fe de que
todo el mundo está de tu lado mientras seas fiel a lo mejor que hay en ti
mism@.
(*) Christian D. Larson, El Credo Optimista.
¡Escucha
los susurros de la vida, contienen importantes lecciones y aprendizajes para
continuar avanzando en la travesía de existir!
Libertad
Emocional
sábado, 17 de noviembre de 2012
Métodos para Ser Feliz
Darte
cuenta del dolor, de la aflicción o del desasosiego que sufres y cuál es el
motivo; de dónde sale, en verdad, ese sufrimiento. Si te sientes molesto, darte
cuenta en seguida de ello, y de dónde nace este malestar. (Si dices que estás
molesto porque alguien se ha portado mal contigo, no se puede entender que tú
te castigues porque otro se comporta mal. Tiene que haber otro motivo más
personal y escondido. Obsérvalo.)
Darte
cuenta de que el sufrimiento o las molestias se deben a tu reacción ante un
hecho o una situación concreta y no a la realidad de lo que está ocurriendo.
(Si vas a ir al campo y llueve, el enfado no está en la lluvia -que es la
realidad-, sino en tu reacción porque se han contrariado tus planes.)
Solemos
echar la culpa a la realidad y no queremos darnos cuenta de que son nuestras
reacciones programadas las que nos contrarían. Tenemos unos hábitos inculcados,
que funcionan como una maquinita automática: a tal pregunta, tal respuesta; a
tal contrariedad, tal reacción. Y funcionamos como autómatas.
La
cultura nos inculca unas leyes rígidas, cuya única razón es que así se ha hecho
siempre. Y con esta razón tan endeble somos capaces de matarnos por defender:
honor, patria, bandera, raza, familia, buenas costumbres, orden, ideales, buena
fama y muchas más palabras que no encierran más que ideas sin sentido real, que
nos han inculcado como cultura. Y lo mismo ocurre con las ideas religiosas.
Lo
importante es el ser, y no el figurar. La verdad es que estamos tan metidos en
esa programación que actuar con claridad de percepción, desde esa cultura, casi
parece un milagro, y más si pretendemos reaccionar sin disgusto. Hay que
despertarse antes para comprender que lo que te hace sufrir no es la vida, sino
tus alucinaciones, y cuando consigues despertar y apartas los sueños, te
encuentras cara a cara con tu libertad y con la verdad gozosa.
Lo
cierto es que el dolor existe porque rechazamos que lo único sustancial es el
amor, la felicidad, el gozo.
Cuando
somos capaces de encontrar el camino despejado, para ese amor-felicidad que
somos, nos topamos con el dolor, que no es nada concreto ni sustancial por sí
mismo, sino la ausencia de la percepción del amor-felicidad. Como la oscuridad,
que no existe, sino que es consecuencia de la menor percepción de la luz.
La
vida es, en sí, un puro gozo y tú eres amor-felicidad como sustancia y
potencial para desarrollar. Sólo los obstáculos de la mente te impiden
disfrutarla plenamente. Son las resistencias que pone tu programación lo que te
impide ser feliz. De no tropezar con tu resistencia, ¿dónde estaría el dolor?
Habría una armonía en ti, igual a la que existe en la naturaleza. Más aun, pues
tú eres rey de esa naturaleza y dotado de una sensibilidad para captar la
bondad, la felicidad y la belleza, que te hace creativo y capaz ya, no sólo de
ser feliz, sino de dar amor-felicidad a manos llenas.
Con
sólo observar todo esto ya estás dando un paso para tu despertar. Todo depende
de tu reacción, y ésta depende de tu programación; y si eres capaz de observar
esto y comprenderlo, ya tendrás bastante.
Lo
más difícil es la capacidad de ver, ver simplemente, con sinceridad, sin
engañarse, porque ver significa cambio.
Extracto del libro:
AUTOLIBERACIÓN INTERIOR
Anthony de Mello
Psic. Carolina Fandiño G.
¡Rompiendo Cadenas, Extendiendo Alas!
¡Breaking Chains, Extending Wings!
viernes, 3 de agosto de 2012
¿Eres feliz?... (*)
“En cierta ocasión, durante una elegante recepción
de bienvenida al nuevo Director de Marketing de una importante compañía
londinense, algunas de las esposas de los otros directores que querían conocer
a la esposa del festejado, le preguntaron con cierto morbo: ¿Te hace feliz tu
esposo, verdaderamente te hace feliz?
El esposo, quien en ese momento no estaba su lado, pero sí lo suficientemente cerca para escuchar la pregunta, prestó atención a la conversación e incorporó ligeramente su postura, en señal de seguridad, y hasta hinchó un poco el pecho, orgullosamente, pues sabía que su esposa diría que sí, ya que ella jamás se había quejado durante su matrimonio.
Sin embargo, para sorpresa suya y de los demás, la esposa respondió con un rotundo:
- No, no me hace feliz.
En la sala se hizo un incómodo silencio como si todos los presentes hubieran escuchado la respuesta de la mujer.
El marido estaba petrificado. No podía dar crédito a lo que su esposa decía, y menos en un momento tan importante para él.
Ante el asombro del marido y de todos, ella simplemente se acomodó enigmáticamente sobre su cabeza su elegante chalina de seda negra y continuó:
- No, él no me hace feliz... ¡Yo soy feliz...!
El hecho de que yo sea feliz o no, no depende de él, sino de mí.
- Yo soy la única persona de quien depende mi felicidad.
- Yo determino ser feliz en cada situación y
en cada momento de mi vida, pues si mi felicidad dependiera de otra
persona, un recuerdo grato de otra cosa o circunstancia sobre la faz de
esta tierra, estaría en serios problemas…”
(*) Anónimo
La felicidad es
un estado que en general nos afanamos por encontrar, persiguiéndola e
intentándola hallar en las personas, los objetos y los éxitos, pero cuando ésta
se hace escurridiza y escapa, quedamos desilusionados
y exhaustos, sin entender muchas veces porque a pesar de nuestros esfuerzos, ésta
no se queda en nuestras vidas.
Es entonces que resignados, nos
convencemos que una vez llegue la pareja o condiciones
apropiadas la dicha será plena.
Sin embargo el
personaje de la esposa en la historia, nos muestra una postura más sana que
podemos tomar frente al tema, y es la posibilidad de asumir la responsabilidad
de optar ser felices, independiente de las personas o situaciones a nuestro
alrededor, siendo decisiva la actitud adoptada frente a cualquier circunstancia
que se presente en nuestra vida.
Desde luego esto
es algo en lo que se debe trabajar, en primer lugar, podríamos dejar de esperar
a que las realidades adversas desaparezcan para entonces ser felices, bajo esta
premisa jamás lo lograremos, pues estas mismas hacen parte fundamental de la existencia
y en muchas ocasiones no depende de nosotros la posible solución, pero si la valiente decisión de no adoptar el
papel de víctimas, si no todo lo contrario, reconocerle y aprender del mismo.
No tiene sentido
el aplazar nuestro Derecho Natural de Ser Felices, para cuando desarrollemos
todos y cada uno de nuestros proyectos o para cuando llegue a nuestras vidas
esa persona indicada, pues somos seres en constante construcción y por lo tanto
variantes en deseos y pensamientos.
Así pues, elije
ser feliz aquí y ahora, comprende que la felicidad no consiste en la
ausencia de problemas, consiste en ejercer la libertad que como seres humanos
tenemos, de asumir la actitud que queremos frente a las circunstancias que se
nos presentan en la vida.
¡Aprende
a bailar bajo la lluvia y encuentra la fuente de la verdadera felicidad dentro
de ti!
Psic. Denny
Ortiz N.
Psic. Carolina
Fandiño G.
miércoles, 25 de julio de 2012
Los cien días del plebeyo(*)
"Una bella princesa estaba buscando consorte. Nobles y ricos pretendientes llegaban de todas partes con maravillosos regalos: joyas, tierras, ejércitos, tronos... entre los candidatos se encontraba un joven plebeyo que no tenía más riqueza que el amor y la perseverancia.
Cuando le llegó el momento de hablar, dijo: princesa, te he amado toda mi vida. Como soy un hombre pobre y no tengo tesoros para darte, te ofrezco mi sacrificio como prueba de amor. Estaré cien días sentado bajo tu ventana, sin más alimentos que la lluvia y sin más ropas que las que llevo puestas. Ese será mi dote.
La princesa, conmovida por semejante gesto de amor, decidió aceptar:
- Tendrás tu oportunidad: si pasas esa prueba, me desposarás.
Así pasaron las horas y los días. El pretendiente permaneció fuera del palacio, soportando el sol, los vientos, la nieve y las noches heladas. Sin pestañear, con la vista fija en el balcón de su amada, el valiente súbdito siguió firme en su empeño sin desfallecer un momento.
De vez en cuando la cortina de la ventana real dejaba traslucir la esbelta figura de la princesa que con un noble gesto y una sonrisa aprobaba la faena. Todo iba a las mil maravillas, se hicieron apuestas y algunos optimistas comenzaron a planear los festejos.
Al llegar el día noventa y nueve, los pobladores de la zona salieron a animar al próximo monarca. Todo era alegría y jolgorio, pero cuando faltaba una hora para cumplirse el plazo, ante la mirada atónita de los asistentes y la perplejidad de la princesa, el joven se levantó y, sin dar explicación alguna, se alejó lentamente del lugar donde había permanecido cien días.
Unas semanas después, mientras deambulaba por un solitario camino, un niño de la comarca lo alcanzó y le preguntó a quemarropa:
- ¿Qué te ocurrió? Estabas a un paso de lograr la meta, ¿Por qué perdiste esa oportunidad? ¿Por qué te retiraste?
Con profunda consternación y lágrimas mal disimuladas, el plebeyo contestó con voz baja:
- La princesa no me ahorró ni un día de sufrimiento, ni siquiera una hora. No merecía mi amor."
Es así como el plebeyo nos deja una gran lección, haciéndonos entender que en una relación sana, debe existir una retribución equilibrada de afecto y compromiso, donde ambas partes se involucren sin ser necesario el sacrificio del bienestar propio en pro de la aceptación del ser amado, pues éste tiene que hacerse merecedor del amor ofrecido.
Está en nuestra manos tomar la decisión, que cada relación de pareja que asumamos en nuestra vida, sea productiva.
(*) Jaime Lopera y Marta Bernal. La culpa es de la Vaca. Bogotá, Intermedio, 2002.
Psic. Denny Ortiz N.
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