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martes, 1 de octubre de 2013

Expectativas o Realidad

Un niño sintió que se le rompía el corazón cuando encontró, junto al estanque, a su querida tortuga patas arriba, inmóvil y sin vida.

Su padre hizo cuanto pudo para consolarlo: <<No llores, hijo. Vamos a organizar un precioso funeral por el señor Tortuga. Le haremos un pequeño ataúd forrado en seda y encargaremos una lápida para su tumba con su nombre grabado. Luego le pondremos flores todos los días y rodearemos la tumba con una cerca>>.

El niño se secó las lágrimas y se entusiasmó con el proyecto. Cuando todo estuvo dispuesto, se formó el cortejo –el padre, la madre, la criada y, delante de todos, el niño- y empezaron a avanzar solemnemente hacia el estanque para llevarse el cuerpo, pero éste había desaparecido.

De pronto, vieron cómo el señor Tortuga emergía del fondo del estanque y nadaba tranquila y gozosamente. El niño, profundamente decepcionado, se quedó mirando fijamente al animal y, al cabo de unos instantes dijo: <<Vamos a matarlo>>. (*)
  
Hace un tiempo atrás me encontré con este relato que me acercó a una de las razones por las cuales tendemos a sufrir en las relaciones de pareja… las expectativas. Estas que nos creamos en nuestra mente bajo la idea que si la otra persona complace nos traerá la felicidad.

Pero la sorpresa que nos depara la vida es que muchas veces ellas no se cumplen y como resultado nos enfadamos, pues la realidad no coincide con nuestros planes.  

Y entonces ¿cómo hacer para que éstas dejen de estropear nuestra felicidad?

Lo que significó un buen comienzo para mí, fue el entender que soy la encargada de mi felicidad y no es el deber de otro ajustarse a mis deseos para hacer más plácida mi existencia, pues eso implicaría que no estaría aceptando lo que realmente esa persona es o tiene para brindarme, sino que condiciono el afecto al cumplimiento de mis requerimientos.

Por otra parte el comprender que como fui yo quien creó las expectativas, son mi responsabilidad y nadie se encuentra obligado satisfacerlas. Reconozco que las emociones generadas me pertenecen y por tanto está en mis manos volverlas a su cauce.

A su vez entendí que si me encuentro frente a una situación indeseable para mi vida, es mejor retirarme. Renuncié a manipular o presionar a la otra persona para que cambie a mi gusto. Reconozco su ser y entiendo que su camino y actuar es diferente, dejándole ir en un acto de amor, que aporta más a mi vida que el sostener una relación en la que esté presente la insatisfacción.

Al mismo tiempo soy consciente que lo que percibo como rechazos o agravios, está directamente ligado a mis miedos e inseguridades y por tanto la experiencia me está brindando la oportunidad de aprender, crecer y mirar las cosas desde otra perspectiva… una mucho más real.

Y finalmente una renuncia a los aprendizajes por saturación para darle la bienvenida a los aprendizajes por comprensión, los primeros son aquellos en donde tomamos las lecciones cuando estamos colmados, mientras que los segundos son los que con mayor discernimiento y en razón del amor propio basamos las decisiones en pro de nuestro bienestar.

No obstante cada tanto se pierde el rumbo, pero el mantenernos atentos a nuestras acciones y los resultados que estamos generando, nos harán retornar con mayor asertividad al camino del equilibrio emocional.


Cuando en realidad no eres tú lo que me importa, sino la sensación que me produce amarte, estoy más cerca de mis expectativas y próximo al sufrimiento, negándome la aceptación de ese ser verdadero y el disfrute del presente.


Psic. Carolina Fandiño García
¡Rompiendo Cadenas, Extendiendo Alas!


(*) Extraído de “La oración de la rana”

sábado, 17 de noviembre de 2012

Métodos para Ser Feliz



Darte cuenta del dolor, de la aflicción o del desasosiego que sufres y cuál es el motivo; de dónde sale, en verdad, ese sufrimiento. Si te sientes molesto, darte cuenta en seguida de ello, y de dónde nace este malestar. (Si dices que estás molesto porque alguien se ha portado mal contigo, no se puede entender que tú te castigues porque otro se comporta mal. Tiene que haber otro motivo más personal y escondido. Obsérvalo.)

Darte cuenta de que el sufrimiento o las molestias se deben a tu reacción ante un hecho o una situación concreta y no a la realidad de lo que está ocurriendo. (Si vas a ir al campo y llueve, el enfado no está en la lluvia -que es la realidad-, sino en tu reacción porque se han contrariado tus planes.)

Solemos echar la culpa a la realidad y no queremos darnos cuenta de que son nuestras reacciones programadas las que nos contrarían. Tenemos unos hábitos inculcados, que funcionan como una maquinita automática: a tal pregunta, tal respuesta; a tal contrariedad, tal reacción. Y funcionamos como autómatas.

La cultura nos inculca unas leyes rígidas, cuya única razón es que así se ha hecho siempre. Y con esta razón tan endeble somos capaces de matarnos por defender: honor, patria, bandera, raza, familia, buenas costumbres, orden, ideales, buena fama y muchas más palabras que no encierran más que ideas sin sentido real, que nos han inculcado como cultura. Y lo mismo ocurre con las ideas religiosas.

Lo importante es el ser, y no el figurar. La verdad es que estamos tan metidos en esa programación que actuar con claridad de percepción, desde esa cultura, casi parece un milagro, y más si pretendemos reaccionar sin disgusto. Hay que despertarse antes para comprender que lo que te hace sufrir no es la vida, sino tus alucinaciones, y cuando consigues despertar y apartas los sueños, te encuentras cara a cara con tu libertad y con la verdad gozosa.

Lo cierto es que el dolor existe porque rechazamos que lo único sustancial es el amor, la felicidad, el gozo.

Cuando somos capaces de encontrar el camino despejado, para ese amor-felicidad que somos, nos topamos con el dolor, que no es nada concreto ni sustancial por sí mismo, sino la ausencia de la percepción del amor-felicidad. Como la oscuridad, que no existe, sino que es consecuencia de la menor percepción de la luz.

La vida es, en sí, un puro gozo y tú eres amor-felicidad como sustancia y potencial para desarrollar. Sólo los obstáculos de la mente te impiden disfrutarla plenamente. Son las resistencias que pone tu programación lo que te impide ser feliz. De no tropezar con tu resistencia, ¿dónde estaría el dolor? Habría una armonía en ti, igual a la que existe en la naturaleza. Más aun, pues tú eres rey de esa naturaleza y dotado de una sensibilidad para captar la bondad, la felicidad y la belleza, que te hace creativo y capaz ya, no sólo de ser feliz, sino de dar amor-felicidad a manos llenas.

Con sólo observar todo esto ya estás dando un paso para tu despertar. Todo depende de tu reacción, y ésta depende de tu programación; y si eres capaz de observar esto y comprenderlo, ya tendrás bastante.


Lo más difícil es la capacidad de ver, ver simplemente, con sinceridad, sin engañarse, porque ver significa cambio.


Extracto del libro:
AUTOLIBERACIÓN INTERIOR
Anthony de Mello

Psic. Carolina Fandiño G.
¡Rompiendo Cadenas, Extendiendo Alas!
¡Breaking Chains, Extending Wings!

viernes, 3 de agosto de 2012

¿Eres feliz?... (*)


“En cierta ocasión, durante una elegante recepción de bienvenida al nuevo Director de Marketing de una importante compañía londinense, algunas de las esposas de los otros directores que querían conocer a la esposa del festejado, le preguntaron con cierto morbo: ¿Te hace feliz tu esposo, verdaderamente te hace feliz?

El esposo, quien en ese momento no estaba su lado, pero sí lo suficientemente cerca para escuchar la pregunta, prestó atención a la conversación e incorporó ligeramente su postura, en señal de seguridad, y hasta hinchó un poco el pecho, orgullosamente, pues sabía que su esposa diría que sí, ya que ella jamás se había quejado durante su matrimonio.

Sin embargo, para sorpresa suya y de los demás, la esposa respondió con un rotundo:

- No, no me hace feliz.

En la sala se hizo un incómodo silencio como si todos los presentes hubieran escuchado la respuesta de la mujer.

El marido estaba petrificado. No podía dar crédito a lo que su esposa decía, y menos en un momento tan importante para él.

Ante el asombro del marido y de todos, ella simplemente se acomodó enigmáticamente sobre su cabeza su elegante chalina de seda negra y continuó:

- No, él no me hace feliz... ¡Yo soy feliz...!

El hecho de que yo sea feliz o no, no depende de él, sino de mí.

- Yo soy la única persona de quien depende mi felicidad.

- Yo determino ser feliz en cada situación y en cada momento de mi vida, pues si mi felicidad dependiera de otra persona, un recuerdo grato de otra cosa o circunstancia sobre la faz de esta tierra, estaría en serios problemas…”

(*) Anónimo

La felicidad es un estado que en general nos afanamos por encontrar, persiguiéndola e intentándola hallar en las personas, los objetos y los éxitos, pero cuando ésta se hace escurridiza y  escapa, quedamos desilusionados y exhaustos, sin entender muchas veces porque a pesar de nuestros esfuerzos, ésta no se queda en nuestras vidas.   

Es entonces que resignados, nos convencemos que una vez llegue la pareja o condiciones apropiadas la dicha será plena.

Sin embargo el personaje de la esposa en la historia, nos muestra una postura más sana que podemos tomar frente al tema, y es la posibilidad de asumir la responsabilidad de optar ser felices, independiente de las personas o situaciones a nuestro alrededor, siendo decisiva la actitud adoptada frente a cualquier circunstancia que se presente en nuestra vida.

Desde luego esto es algo en lo que se debe trabajar, en primer lugar, podríamos dejar de esperar a que las realidades adversas desaparezcan para entonces ser felices, bajo esta premisa jamás lo lograremos, pues estas mismas hacen parte fundamental de la existencia y en muchas ocasiones no depende de nosotros la posible solución,  pero si la valiente decisión de no adoptar el papel de víctimas, si no todo lo contrario, reconocerle y aprender del mismo.

No tiene sentido el aplazar nuestro Derecho Natural de Ser Felices, para cuando desarrollemos todos y cada uno de nuestros proyectos o para cuando llegue a nuestras vidas esa persona indicada, pues somos seres en  constante construcción y por lo tanto variantes en deseos y pensamientos.

Así pues, elije ser feliz aquí y ahora, comprende que la felicidad no consiste en la ausencia de problemas, consiste en ejercer la libertad que como seres humanos tenemos, de asumir la actitud que queremos frente a las circunstancias que se nos presentan en la vida.

¡Aprende a bailar bajo la lluvia y encuentra la fuente de la verdadera felicidad dentro de ti!

Psic. Denny Ortiz N.
Psic. Carolina Fandiño G.